Recapitulando


Nunca quise ser madre.Me gustaban los niños y los podía cuidar, pero cuando sentía que eran engreídos o caprichosos simplemente me alejaba de ellos. No me imaginé nunca embarazada, soportando los kilos de más que podría cargar en mi ser, pese a tener un cuerpo bastante condicionado para ello.
No todas las mujeres tienen instinto maternal.
El año pasado un suceso ocurrido realmente me marcó. No considero que haya causado un trauma o algo por el estilo, pero sin duda reafirmó mi posición frente a la maternidad.
Mi edad ayudó en la recuperación de mi cuerpo y en unos meses sentí como si nada hubiese pasado, en todo sentido, simplemente olvidé aquel momento y a quién había ocasionado tal situación.
Meses más tarde, me enteré de que él no podía superarlo, sin embargo, había hecho con su vida lo que se le vino en gana.
Intenté retomar la relación de manera amical, pero no se pudo, él aún creía que sentía amor, aunque francamente era apego y una grave necesidad de afecto que yo no pensaba suplir.

La última vez que lo vi fue casi catastrófica durante el mes de abril. Llevaba en Cuajone 2 semanas, y no me interesaban sus intenciones. Fui muy dura , supongo. Pero felizmente entendió que era el adiós.
Luego de tal episodio, tuve un mensaje de Alvaro, con quien había comenzado a chatear bastante seguido y comenzó oficialmente el primer capítulo de esta historia. (Pero creo que para él comenzó semanas después...)
Semanas después viajamos a Arequipa y eso afianzó el respeto, la comunicación y el cariño


07 de junio del 2017

Desperté muy temprano. Había soñado que teníamos una bebé! Y se llamaba Micaela, se parecía mucho a los 2, tenía unos ojos y pestañas enormes, ella reía en mis brazos y yo buscaba a su papá para que la viera. Alvaro era el hombre más feliz del mundo, y yo me sentía inmortal luego del parto.
Ese fue el inicio de la fiebre Micaela.

Comentarios